Si todo son palabritas huecas,
os preguntaréis de dónde esta miel.
No sé aún, pero intuyo
que esta miel viene del sauce y de la amapola misma.
Y si no son más que palabritas huecas,
que vivan las palabritas huecas
que viven dentro de mí y destilan
esta miel en madrugadas de invierno como primaveras.
Porque para aprender a callar,
a veces hay que decir lo que no se debe callar,
y hay que olvidarse de los tántalos,
responderle al hueco que ya gotea la miel
y alzar la lengua para alcanzarla.


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