Poética del hueco





Ya no podemos nombrar por primera vez,
siquiera dar con la palabra.
Después de tantos alambres
y tanta bomba, y tanto tántalo,
y tan poca pena,
no quedan más que estos huecos
que hoy llamamos signos.

Es por eso precisamente que yo
hoy canto al valle jondo
donde el calor, que es fe de rico
manantial, se convierte en saliva;
pues sé que toda luz de ella es venida
en la noche sin mañana
del hueco y del exilio.

Así, he querido escribir nuestras palabras;
paréceme al final que no he escrito
nada más que las mías.
Pero ya no son mías,
míralas cómo duelen con sus letras
digitales impresas, con pañales
cubiertas de emociones.
Aquí quedan como cárcel,
oh tú de tantos rostros,
nuestras tantas palabras
como pan y cuchillo.

Ya no son mías, ya no me culpéis:
podéis entender como plazca.
Qué poco de todo contienen, mejor sería
haber fabricado tántalo,
haber cerrado el cielo y callado todo
lo que no se debe callar.
Podéis interpretar como queráis,
pero nunca como imagen,
nunca como discurso ni como práctica;
que son sólo palabritas huecas.

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