Para aprehender el fuego
y disfrutarlo
es tal vez necesario haber conocido
ciegos días a través de las llamas frías
del infierno.
Para aprehender el fuego,
para disfrutar su silencio
cuando llega a poblar
nuestros solitarios salones,
ruidosos días de infierno
son tal vez necesarios.
Y es tal vez necesario haber olvidado
todo
y haber amado
el fuego frío de las noches
para abrazar la verdadera calidez
en el rostro feliz,
para enfrentar la lucidez
y la gravedad del
leñoso recuerdo.


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