Yo no sé rezar.
('Sólo digo mi plegaria', Juan Manuel Navas)
Yo no sé rezar.
Perdóname por escribirte
estos versos de ritual mal aprendido,
perdóname por hablarte
de tú a tú
y dudar si hablo solo.
Recordaré siempre la inocencia
con la que antes no te pensaba.
Porque es buena la inocencia
y es bello recordarla,
triste perderla.
Sé que se puede ser niño
y creerte,
pero para mí es al contrario,
para mí dudarte
es dejar de ser niño.
No es malo ser niño.
Se olvida. Se vive.
Pasa ligera la vida
siendo niño,
viviendo,
olvidando.
Cuánto pesan en cambio
los recuerdos
y el creer
o no creer y el pensar.
Cuánto pesa ser
y no olvidar,
ser mayor de edad.
Y que no era malo eso de ser niño,
repito,
que era más fácil la vida
sin ser
adulto
pensante.
Que es malo a veces eso
de pensar,
que ser niño
es ser como el viento
y diluirse etéreo
y tener la fuerza
de un huracán.
Ser mayor es ser como el mar.
Siempre he imaginado el mar
como un anciano
con su bastón de espuma
arrastrando lentamente las pesadas mareas
de recuerdos
para poder avanzar.
Y hay veces que, cansado,
se queda quieto y melancólico,
pensando.
Pero es bello el mar.
Y es bello pensar
y dejar que los recuerdos
caigan como una ola gigante y eterna
sobre la realidad.
Y es bello dudarte.


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