El ciempiés XVII - La sombra



Mira en lo más profundo de ti. Siempre hay una sombra. No temas, enfréntala.

Deambulando como solemos el ciempiés y yo él busca a conciencia una calleja oscura y me obliga a seguirla hasta el final. Pero yo tengo miedo y me detengo. El ciempiés me dice que imagine que la calleja oscura es mi alma. Una lágrima muere y desgasta mi piel.

Con ciega fe en él sigo adelante cierro los ojos y veo cosas terribles, cosas que nunca hubiera sospechado que existieran y sin embargo ahí están ahí han estado siempre porque no sólo están ahí y han estado siempre las cosas bellas que no vemos y un día sí, también están las terribles las que no queremos ver pero un día las vemos por mucho que no queramos que no busquemos, que las solamos ignorar y aun sólo arañen con sus largas zarpas apenas la superficie de nuestras grandes y luminosas avenidas desde estas callejas oscuras.

Veo cosas terribles lágrimas antiquísimas petrificadas que ahora cortan con su filo de tiempo heridas podridas sin sanar monstruos de infancia, monstruos tan altos como torres y poderosos como una grúa de piedra y aterradores aterradores. Pero sigo adelante sigo adelante porque tengo una fe una fe ciega en el ciempiés.

Llego al final de la calle en ruinas, fragmento por fragmento de mí, porque siempre uno se rompe cuando profundiza en sí mismo, cuando se enfrenta a las sombras, incluso si vence. El ciempiés me sonríe mis labios rotos le intentan devolver la sonrisa y me abraza, me abraza entre sus ciembrazos para recomponerme.

En la vida hay monstruos y lágrimas y heridas y cosas terribles que ocurren más allá de las callejas oscuras, incluso a plena luz del día. Pero la vida sigue sigue.

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