El deseo es una pregunta
cuya respuesta no existe.
(Luis Cernuda)
Un año ha pasado ya sin el ciempiés y aún no ha anochecido, quizás anochezca hoy. Durante todo este tiempo cómo deciros he ido pensando divagando preguntándome. Quién. Por qué. Cómo. El ciempiés digo.
- No existió, tío. Acépalo - me ha dicho hoy mi amigo Lucas que es psicólogo - . Fue un reflejo de tus deseos y de tus miedos, una forma de tu cerebro de desatar todas esas cosas que siempre quisiste hacer y no hiciste, o incluso que quisiste pensar y no pensaste. El ciempiés es... fue deseo puro. Pero el deseo es siempre... una pregunta, el deseo no existe. Lo que existe es lo que haces y lo que no haces, y tú decidiste hacer, Mario, lo que viviste... olvida ahora al ciempiés y vuelve a vivir lo que viviste...
Hoy finalmente he llegado a la conclusión tened por seguro que he llegado a la conclusión y digo esto mientras supernovas de lágrimas estallan en mis ojos. No os la contaré no pretendo desvelaros esclavizaros quién o qué era el ciempiés o por qué eso sólo desgarraría la belleza el telón del acto.
Uno debe seguir todo un patrón sistemático pensar qué desea irracionalmente qué odia qué ama y es así y sólo así lógicamente como se llega a la conclusión: reflexionando. Analizando desgajando el cuerpo muerto del ciempiés como un buen cirujano forense escupidme eso es lo que yo he hecho.
En primer lugar preguntarse sobre su existencia y después sobre su esencia y blandir el bisturí en su esencia cortando el aire nada más aire, aire de amapola.
(Véase también mi viejo poema 'Aire de amapola' )
(Véase también mi viejo poema 'Aire de amapola' )


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